Mar 11, 2011
“Intersticie. Intervalo entre tiempos”

Hasta el 25 de Marzo del 2011, la exposición “Intersticie. Intervalo entre tiempos” se estará exhibiendo en la galería Origami ubicada en la Galería Hotel Prat, local 17 (en la entrada por calle Salvador Donoso)
En la vitrina del Restaurant de comida japonesa Tatsushi, podrán observar la técnica de retazos textiles cosidos sobre almohadas, en cuadros de 40 x 40 centímetros elaborados por la creadora Jenifer Mora.
“Intersticie. Intervalo entre tiempos” está compuesto por fragmentos textiles desechados u olvidados por sus antiguos dueños, partes de un todo que ha desaparecido. Son huellas de alguna existencia, mezclados entre si, cosidos y recosidos sobre pequeñas almohadas de plumas dan el pie a la obra-instalación.

Para la autora, las decisiones técnicas comprometen su trabajo con el material y el quehacer “femenino”. En “Intersticie”, el género aparece en la capa evidente -su material-, y también en otro nivel, el de la mujer como institución y las actividades que a esa sustancia se vinculan: el tejer, el coser, la tela, el paño, el hilo, la aguja y el dominio de todos estos actores.

La aguja (preexistente y necesaria para la génesis de la obra) marca su presencia punto a punto. La aguja es la mujer-madre que invoca su poder de reparación y su capacidad como evidencia de toda genealogía: los abandonos de cada generación, los eslabones entre el tiempo de mis abuelos y los abuelos de ellos, la acogida familiar contra las asperezas de la existencia, la continuidad de la vida y las familias que la atraviesan, y el nuevo sitio que el futuro puede trazar cuando puede comunicarse con su pasado.

Pensando en todos los trozos que vemos dispersos en el suelo y teniendo en mente el origen disperso de los fragmentos de los componen los cuadros, podríamos entender una tesis de quiebres y rasgaduras, pero también de concilios, que contiene toda recapitulación del pasado. La invocación de lo femenino, por otro lado, puede guardar relación con la esperanza de armonía posible en las biografías familiares; que sólo existe cuando los conflictos son evidentes y componen la superficie.

Estamos hablando de una perspectiva activa del pasado. Algo muy cercano al reciclaje, cuando se trata de generar una “nueva vida” de algo que estaba muerto o desechado. La creación está ligada a la conversión en el valor de lo material: de ser algo útil (prenda de vestir o un mantel de mesa), toma distancia a su condición de una obra de arte, expuesta y dispuesta en una vitrina de arte. El acto de tejer también ha estado presente en el arte como una representación social, por cuanto alcanza a sostener temporalidades atávicas, industriales, domésticas y creativas.

Los tres cuadros, pendientes sobre el desorden de los trozos que llenan el fondo de la galería, sostienen los fundamentos de una narrativa cosmológica: abajo, el caos; arriba, el orden. La dimensión superior existe cuando la voluntad creativa se dispone a dar sentido al fondo. Una no existe sin la otra. De esta manera, las obras se convierten en testigos y testimonios de la existencia anterior, en afirmaciones de la importancia para todas las vidas de quienes nos precedieron, o incluso de nuestra existencia en tiempos pasados. Entre el cambio y el caos, el olvido y la memoria, sólo queda el abandono rescatado, unido y reparado por la aguja.
por Marcos Moraga, Periodista origamigaleria@gmail.com




















me gustaria saber donde esta ubicado esto, yo soy de Chile es aqui en santiago.. me encanto, yo trabajo con retazos tambien!