Dic 22, 2010
BEMVINDO AO RIO DE JANEIRO

Los Juegos Militares Mundiales serán celebrados entre el 16 y el 24 de julio de 2011. Además, se viene la Copa Mundial el 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Todos son eventos con una alta convocatoria de turistas e inversiones: capital. El deporte parece ser la fórmula perfecta para Río de Janeiro tornarse una ciudad maravillosa. Existía un problema hace tiempo pero esperan resolverlo a la brevedad. ¿Usted cree en la guerra contra las drogas?
Cualquiera defendería algo propio, más aún si fue construido con sus propias manos, luego de un proceso arduo, no exento de problemas. Fruto de mucho tiempo y paciencia, la casa propia es un logro en la mente de muchos de los habitantes del planeta tierra. El principal conflicto de las grandes ciudades es que los barrios marginales- y todos sus problemas- son alcanzados rápidamente por el núcleo urbano. De un momento a otro, los carentes pasan a inmiscuirse mucho en los quehaceres del funcionamiento normal, bajo la tutela del orden y el progreso.

Cuando las molestias son muchas, los gobiernos intentan expropiar terrenos. Para quien no quiera dejar su casa, las posibilidades son dos: el abrigo (un tipo de prisión) o la calle. Luego de las amenazas y chantajes a los habitantes, la invasión militar es un gesto de fuerza para inclinar la balanza hacia el poder. Elemento que desafortunadamente se escabulle de las manos de los ciudadanos.

Poder para o povo
La ansiada despenalización del autocultivo, una legalidad para poder plantar, se volvería una lucha en tu contra si al pasar a la acción, antes de promulgarse la ley, la policía llega a tu casa y descubre un macetero con la niña.

Siendo simplista, un bajo calificativo cataloga al personaje que consciente del flagelo del narcotráfico, asume una postura activa, comienza con el cultivo casero para solventar el consumo, y lo pillan.
Pero la mala suerte se transforma en pesadilla cuando vives en Río de Janeiro, el cerro donde habitas es allanado, y la policía, apoyada por el ejército y la marina, invaden hasta el último rincón de la comunidad. Con el pretexto de darle un mordisco a la delincuencia, claro.
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La escena es un verdadero golpe de estado a la “normalidad” que se vive en ciertos territorios, coincidentemente habitados por la parte más carente de la sociedad pero no por ello menos honrada, limpia y trabajadora. Son gente simple que de un momento a otro, se vio entre medio de balaceras, explosiones y destrucción.
El complejo del alemán es un barrio constituido por un conjunto de 13 favelas, en la Zona Norte de la ciudad conocida por el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar, Ipanema y el Maracaná.
Es mucha la gente que vive en este espacio: son cerca de 3 kilómetros cuadrados, donde viven al menos 100 mil personas. Sus habitantes utilizaron la Quebrada de la Misericodia para levantar, entre otras, a la favela de Vila Cruzeiro y Alvorada. Comúnmente aparecen en los medios de comunicación gracias a la escuela de samba “Paraíso de la Alvorada”, que representa al complejo del Alemán en el Carnaval. Lamentablemente, la violencia los hizo reconocidos desde el pasado 28 de noviembre en los medios de difusión de gran parte del orbe.

Guerra a las drogas
El escenario inconfundible de cualquier favela está compuesto por viviendas de material ligero, entrelazadas y construidas en forma caótica, junto a enmarañados cables que llevan electricidad o TV cable a las casas (gatonet en lengua carioca). Armazones improvisados aguantan desde las conexiones clandestinas de las cañerías del agua hasta unos parlantes que emiten sonidos. El espacio común es poco, las necesidades muchas. La originalidad y creatividad resuelven algunos problemas.
Según estadísticas de 2005, los habitantes de las favelas suman aproximadamente unos 2 millones, es decir un tercio de la población de la ciudad (más de 6 millones) y más de un sexto de los pobladores de la región metropolitana (11,9 millones)
El jueves 25 de noviembre comenzó la invasión a algunas favelas por centenares de policías militares de élite: el Batallón de Operaciones Especiales BOPE. Junto a 800 infantes de marina, y apoyados por helicópteros y vehículos blindados, la operación comenzó en la Villa Cruzeiro y continuó el domingo 28 en el Complejo del Alemán.

El Sheriff Federal, Delegado Beltrame y el Comando Militar del Oeste sabían hace más de un año que el complejo de favelas sería ocupado en septiembre de 2009. Coincidieron en afirmar que sólo se detuvo el operativo porque el gobernador Sergio Cabral temió que eso perjudicase el rumbo de las elecciones presidenciales.
El modelo de ciudad militarizada se ha ido incorporando poco a poco en Río de Janeiro. Se quiere hacer pensar que las Unidades de Policía Pacificadora (UPP, adoptadas por el Gobernador Sergio Cabral, con apoyo del gobierno de Lula y la recién electa presidenta Dilma Rousseff) parecen lo ideal: la policía está más cerca del habitante. Aún cuando forman parte de un modelo de seguridad ciudadana, en la práctica, son frecuentes las denuncias en su contra por abuso de poder contra los habitantes de las favelas y los cerros. Los derechos del conjunto de la población son violentados a diario.

Los UPPs realizan constantes controles en las favelas para pedir documentos y atrapar a los fumadores de marihuana. Sin embargo, a nadie piden documentos en el Mall de Barra de Tijuca, un barrio exclusivo de la ciudad, ni se persigue a los maconheros en la playas de Copacabana o Ipanema.
Según habitantes de los barrios intervenidos, estos esfuerzos gubernamentales son parte de un gran operativo por mantener la guerra del bien contra el mal. Es bien básico el análisis: la gente de bien va al mall, los malos viven en las favelas. Sin embargo, la prensa brasileña, y del mundo, ha repetido hasta la saciedad estos preceptos. Con este proceder, el mensaje ha calado hondo en la sociedad, y hoy los brasileños contemplan las operaciones policiales como si fueran un partido del mundial.
Lo extraño es que en esta guerra ningún grupo busca conquistar el Estado. No existe un grupo organizado que busque la conquista del poder. Si bien hay quienes aceptan que las actitudes bárbaras y violentas de parte de los narcotraficantes deben ser enfrentadas, hay un gigantesco camino a afirmar que se debe comenzar una guerra. Es evidente que en una guerra la reacción del Estado es una: matar o morir. Como no existen hechos que afirmen tal consideración, las acciones del Estado tendrían que ser más responsables y a largo plazo. Obviamente, respetando al principal afectado: los habitantes de los cerros y favelas.

El mal hábito del autoritarismo y los abusos policiales cometidos contra los habitantes de los barrios marginales están lejos de ser interrumpidos. Los gobiernos latinoamericanos, incitados, entre otros, por los monopolios de la comunicación, entraron hace tiempo en la insana espiral de la “guerra contra la droga” desatada por EE.UU., acatando como perro de Pavlov su visión sesgada de la realidad, que protege y defiende a las corporaciones fabricantes de las drogas “legales” (alcohol, tabaco, psicofármacos y todo tipo de medicamentos que transforman los malestares en enfermedades crónicas), mientras presionan fuertemente al mundo para combatir las drogas “ilegales”.
Los países productores de la materia prima de las drogas están bajo el dominio militar yankee. El lucrativo negocio de las armas puede subsanar los lentos avances por tomar el control de ciertos tramos del flujo de mercancías y los procesos de producción. Por supuesto, también ayuda a defenderse de los embates producto de sus políticas racistas, las que criminalizan la protesta popular y favorecen el despliegue de un estado policial para dominar el creciente descontento, producto de las altas tasas de desempleo, la imposición del trabajo asalariado precario y el cada vez menor efecto de la protección social.

Mientras Estados Unidos sea el principal consumidor mundial de drogas (más de 7 millones de adictos a la cocaína la consumen en su territorio, y sus Fuerzas Armadas son el mayor consumidor militar de drogas del planeta), tendremos que acostumbrarnos a observar una y otra vez el viejo truco comunicacional de los programas en horario prime llamando a “Mantener la calma”, mientras muestran impactantes imágenes de violencia. Esta lógica de acción es la mejor manera, desde el punto de vista de la cultura del miedo, para imponer un hábito dentro de la imaginación social de millones de personas. Y como los Imperios no dan puntada sin hilo, también aprovechan de marcar tendencias políticas.
Tratar de justificar el retorno de los militares a las ciudades como Río de Janeiro es dar la posibilidad de una radicalización de la barbarie infinitamente mayor. Los comunicadores sociales Juan Luis Berterretche, Rogerio Dultra dos Santos, Gustavo Barreto, Luiz Bicalho y Eduardo Tomazine Teixeira, han intentando concientizar con sus dichos pero frente a la imperante avalancha de informaciones desde los monopolios de la comunicación, la lucha es desigual.

El Comandante de las tropas brasileras precursoras de la ocupación en Haití, el general Fernando Sardenberg, hoy se encuentra liderando la ocupación de los complejos de favelas de Alemão y de Penha, en Río, desde el día 28 de noviembre.
El general afirma que su misión es ganar tiempo. ¿Para qué se preguntará usted?
“Es su ideología: ellos no saben lo que hacen pero aún así, lo hacen”
Bajo las actuales lógicas de funcionamiento, las ciudades no pueden equiparar los deseos de aumento sistemático tanto de la producción como del consumo. Primero, porque el logro de semejantes objetivos no significa desarrollo humano. Segundo, porque la crisis actual del “primer mundo” demuestra que el modelo de desarrollo capitalista, centrado en ese parámetro de crecimiento, es insostenible.

La población de las favelas puede encaminarse hacia un desarrollo comunitario si se organiza y toma sus decisiones, sin mediar ocupaciones policiales o militares de su comunidad. Ejerciendo sus derechos, las personas pueden vivir una vida sana, en busca de la consecución de los objetivos necesarios para ayudar creativamente al cuidado equilibrado del espacio que compartimos, la Tierra.

Pero si cada esfuerzo está enfocado sólo bajo ópticas bancarias, emulables al criterio de los piratas del siglo XVI, son pocos los avances en torno al bienestar de las personas. Peor aún, desde mayo de 2010 existe una filial del banco español Santander en la favela invadida por policías y militares. Otros bancos ya le siguieron. Y se viene el mundial, los Juegos Militares Mundiales y los Juegos Olímpicos. Y el Carnaval, del 5 al 8 de Marzo de 2011. Bienvenido a Río de Janeiro.
Por Wu Ming



















