Avatar

CUANDO EL EQUILIBRISTA PIERDE EL EQUILIBRIO

pancha-10-agosto-tacos

Por Francisca Aguilar

Nadie dijo que sería fácil. Que las cosas son complejas. Que el mundo está patas para arriba. Que el gas se acabó justo cuando me estaba duchando. Que viene un testigo de Jehová y no quiero atenderlo. Que la plata no alcanza.

Que la persona que me gusta no me ve. Que las noticias siempre muestran lo peor de nosotros. Que el tiempo no me alcanza. Que la pega no me deja tener vida propia. Que el casero me hace tonta con el kilo de peras, entregándome ¾. Que hace frío y no me quiero levantar. Que Dios no me escucha. Que no estoy ni ahí con creer en algo. Que el camino se hace largo y ya me estoy cansando…que…que…que perdí el equilibrio y un abismo me espera.

Ciertamente me han pasado más de una vez todas estas situaciones cotidianas.

Es tan humano cansarse y volverse un quejón profesional… y expreso: ¡qué!¿qué acaso no me puedo quejar, ah!?…y pienso, el día de mañana quiero ser madre y darle un aliento de ánimo a mis hijos…pues entonces ¿cuál sería mi responsabilidad?, quizás decirles que estamos perdidos y que los traje al mundo porque no me tomé la pastilla, porque no exigí el condón, porque me entusiasme más de la cuenta o porque el alcohol hace cosas tan raras como traer hijos de improviso al mundo.

Sin duda no es el discurso que se espera cuando se es hijo o hija, claro que no, por el contrario, lo ideal sería que los padres sintonizaran con ese mundo maravilloso que vive en un niño que no conoce la desilusión ni la mentira ni la vergüenza y por cierto, el engaño.

En qué minuto extraviamos el equilibrio y nos volvemos unos ogros sin creencias ni ganas, ya sea ganas para trabajar por y para que las cosas sean mejores en nuestro entorno más cercano o en el mundo. Qué acaso ya no amanece o quizás nos negamos a esa posibilidad por el solo hecho de sentirnos unos desgraciados cuando en realidad hay más cosas que suceden en este minuto y nosotros aquí, concentrados en nuestro ombligo que parece no dar luces de una luz.

Las oportunidades no solo son para los demás sino también para nosotros “…es que soy prejuicioso…es que tengo un ímpetu que da temor…es que las emociones no me dejan ver…”, y qué importa que seas un ser lleno de imperfecciones si de seguro hay más de alguien que te ama así tal cual y que además piensa que puedes ser mejor.

Démonos oportunidades y alejemos las preguntas de nuestra cabeza que lo único que hacen es gobernarnos y alejarnos del alivio que significa permitirnos vivir este presente lleno de posibilidades aún ignoradas por ese ombligo que se ha transformado en un astro grande y enceguecedor como el sol.

Categoría: En Portada, Se Dijo

Deja un comentario

poleras ratonchico tusplaceres