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Oxígeno para los HOSPITALES, por favor!

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Por Francisca Aguilar González

Caminando con mi abuela, conocida como “la guely”, nos dirigimos al Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar. El objetivo: confirmar una hora para el cardiólogo. Al ingresar vemos una “cola” de extremo a extremo, que bordea las 50 personas, todas esperando la atención del SOME.

Qué hacemos, nos preguntamos. Veníamos de lejos y esperar nuestro turno era en resumen estar unas tres horas de pie. Sin distingo, abuelas, ancianos, mujeres jóvenes, señoras abrazadas a sus bebes, madres adolescentes solitarias y un bullicio que hacía aún más perturbadora la imagen.

Como era de esperar, mi abuela de casi 80 años ya conoce el sistema médico de nuestro país –Chile-, por lo tanto me dice que acortemos camino y vayamos al SAP. ¿SAP?, sí, Servicio de APOYO a las Personas.

Caminando hacia aquel “servicio”, nos encontramos con un grupo de mujeres vendiendo ropa usada al interior del recinto, otras venden calcetines, joyas de artificio, comida y me pregunto: ¿dónde estoy?

Al entrar al SAP, observo cómo se trata a las personas y las condiciones laborales de los que trabajan al servicio de dichas personas. Era un lugar estrecho, frío, un poco sucio. Las personas no encuentran un número que indique su turno, porque no lo hay. Producto de ello, se alza una voz cansada y ciega frente a la sencillez de los que desean ese Servicio de APOYO y les dice “no puedo atender a todos de una vez. Formen una fila, AHORA!”.

Miro a mi abuela y deseo llevármela lejos, al lugar que pienso que se merece ella y todos los que estamos allí. Cuando digo todos, también hablo de dicha mujer ciega y quizás inmune ante las dolencias humanas. Pienso en ella y luego entiendo la rudeza de su trabajo, ya que en promedio atiende a más de 100 personas diarias, que expresan 100 demandas distintas, en 100 tonos distintos.

Sin duda el paisaje descrito no es del todo amable y satisfactorio, sin embargo y conversando con mi abuela después de salir del hospital, concluimos que hay lugares donde ni siquiera existen hospitales, ni médicos ni un servicio, que por precario que sea, se denomine “…de Apoyo a las Personas”, pues sin duda esta última frase ya demuestra una consideración inexistente en otras partes del mundo (del nuestro por cierto!).

Categoría: En Portada, Se Dijo

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