Jul 14, 2009
LA COLUMNA DE LA PANCHA: UNA LUZ ENTRE EL LÍMITE DE PUCALLPA Y CHILE

Una vez los ojos cerrados, otra vez abiertos, luego cerrados…interminable como la respiración. Allí estaba…era una luz radiante, concreta, mental…espacial.
Caminado por Pucallpa pensaba qué hacía allí…hojas grandes, árboles grandes, una temperatura extraña e intensa sobre cada diminuto poro…caminando por calles extrañas y gente aún más rara…rostros indescifrables…qué hacía allí.
Había dejado todo…todo, el trabajo, mi casa porteña y una relación de amor…no tenía más de 200 mil pesos…tanto para gastar en Perú como para volver a mi país y vivir hasta que el universo dictara otro destino…en la incertidumbre misma…emociones cruzadas de bienestar y de una gran nostalgia por lo que había pensado que hasta ese momento sería mi vida.
Creía inocentemente que ya estaba diseñada de una forma…que tendría hijos pronto y una casa en Valparaíso de Chile, el paraíso de los pobres que nos alegramos vistiéndonos libremente sin que nadie repare…
Viviendo en el futuro me perdía de estar en el presente, en poder distinguir que quizás no era tan feliz como el palacio imaginario que había construido…viviendo para otro y para otros. Pensaba en qué momento me perdí de mí…de mi ser…sin ver la profundidad de aquel error tan recurrente en nosotros los seres humanos…seguía allí, recorriendo esas calles de tierra de aquella ciudad que estaba a pasos de la selva amazónica…una tierra aromática y entrampada en un tiempo sin época.
Sin descubrir misión alguna, ni sentido de vida…allí estaba…en un loop…suspendida en confusos recorridos mentales…nada o casi nada parecía muy claro…solo sentía una pena indescifrable y en la soledad más pura deseaba alguna luz, algo que me arrebatara de ese estado. DEJAR es tan difícil…inimaginablemente complejo y fuera de cualquier atisbo de razón…la emoción de un recuerdo puede paralizarnos ante una posible decisión de vida.
Una noche, dos noches…grandes dolores de estómago y nauseas me hacían transpirar helado en ese perdido e iluminado Perú,…lloraba porque nadie me podía acoger…estaba sola en una pieza digna de un presidiario. Tenía solo una cama, un baño sin puertas conectado con la propia habitación, además los hongos que poblaban el receptáculo de la ducha me daban más asco y más lloraba…tenía miedo…sentía que había sido tan testaruda…
Sabiendo que el objetivo que me condujo aquella ciudad extraviada era sólo ser una persona con VALOR, deseando que nunca más el miedo y el frío interno se apoderaran de mí…que todo ello se fuera lejos. En medio de esos deseos, descubría lo mal que me había portado con muchas personas, lo injusta que había sido en tantas oportunidades, lo abandonada que me tenía.
Tantas veces te dicen que debes aprender a quererte y no sabes cómo.
En ese devenir estaba cuando un hombre viejo por los años y la experiencia comienza a conversar conmigo de las decisiones, del poder que ellas otorgan a tu destino. Saúl era su nombre, un chamán peruano que conocía hace algunos años. Le hice tantas preguntas de cómo, de por qué y para qué…sólo sus palabras, que en ese momento no lograba descifrar, con el pasar de los días, de los meses, darían sentido a todo. Él me dijo que la magia está en UNO MISMO. Que si deseas cambiar no debes viajar tantos kilómetros de tu hogar para encontrar el sentido de la vida, sólo basta con meditar profundamente y preguntarte qué realmente te hace feliz y qué cosas debes dejar para que ese estado, por fin, llegue a tu alma.
Sus palabras confundían aún más mi estar en Pucallpa…hacía unos cuatro días que no comía de verdad, estaba a pura agua y galletas, y delgada como un suspiro, sentía tantas ganas de llorar, de llorarme todo el Ucayali.
Aunque parezca increíble, tú sabes muy en el fondo lo que debes hacer, lo que pasa es que no tienes valor para dejar eso que te terminó haciendo tan mal. ¡Falta de valor!… sí, por cierto que lo es.
Después de unos seis días decidí volver…y mi pasaje tenía fecha para trece días más. No sabía cómo hacerlo, quería volver a mi tierra, ver gente conocida, salir de esa realidad y hacer oídos sordos a todo aquello que me habían aconsejado, total nadie lo sabría. Pensé en seguir con esa relación que había dejado, asegurarme en un trabajo y dejar que el tiempo hiciera de mi destino lo que quisiera, hasta ese momento no tenía mi propia misión.
Tomé un bus por tierra de Lima a Tacna y luego otro, de Arica a Valparaíso. En suma, cerca de cincuenta horas para pensar qué hacer. Durante ese tiempo construí diversos argumentos para seguir con mi vida de rutinas y convencerme de que los dichos del chamán eran parte de ese mundo fantástico y no de la realidad. Sin embargo, fue imposible, pues de un momento a otro una luz se posó sobre mi cabeza…la veía con los ojos cerrados cuando intentaba dormir, luego los abría y allí estaba…era como un rayo instalado en el umbral de tu propio límite.
Respiraba una y otra vez, tratando de no verla…era imposible, allí permanecía días y meses. Me dije, quizás es solo imaginación, pero no, era imposible evitarla. Parecía que todo estaba dispuesto y a la espera de que decidiera ser feliz…los ángeles, los elementales, Dios, tus seres queridos, realidad y espacio se fundían para darte un regalo en las manos, regalo que después de tanto resistirme terminé por aceptar. Desde ese día la luz desapareció del umbral y bajo para estar aquí, en mi pecho.
Si alguien me hubiera dicho tiempo atrás que esto sucedería, me habría reído con sarcasmo o quizás seguiría pesando y preguntándome ¿cuándo sería mi turno?. El turno siempre está esperando por uno…que les puedo decir…es tan simple y complejo, pero cierto como las palabras de Saúl aquella mañana en Pucallpa, cuando lloraba como niña sin entender la razón de todo lo que respiramos y dejamos de respirar.
Les doy la bienvenida a lo posible…se los dice una persona que era profundamente incrédula y desconfiada. Hoy todo parece distinto y lleno de amor…
Por Francisca Aguilar González




















Hola.
Buena tu experiencia, en lo particular te envidio por conocer este lugar, la verdad es q yo también quiero conocer, gracias a un amigo q conocí de forma muy curiosa, gracias a el me entere un poco de como es la vida en ese lugar, el era de la tribu shipio conibo y me instruyo en el ayahuasca luego de esta experiencia pude entender su cosmovisión y su gente la verdad es q ellos saben mas de la vida q cualquier cultura, tu deberías de haber tenido esta experiencia mágica para q te pareciera mas normal este lugar te recomiendo q lo hagas y q conozcas a esta tribu y entenderás q todos esos problemas q cuentas son de poca relevancia lo importante es estar vivo con eso basta y sobra .para tu próxima visita si la realizas te aconsejo q vivas esta experiencia y te ayudará a sobre llevar la vida de mejor forma será una experiencia muy enriquecedora, bueno eso me despido y suerte …
Hola GUacterio…si conozco la ayahuasca…dos veces nos encontramos y antes de viajar a Perú…la nota quizás no desea explicar esa falta de entendimiento que nos puede ocurrir frente a otra cosmovisión…tiene que ver profundamente cuando nos encontramos ante decisiones importantes que sabemos que cambiarán la vida…yo también le recomendaría a la gente tomar medicina (ayahuasca)…la vida nunca es igual después de eso, diría que es mejor.
Afectos
Francisca Aguilar
Que linda experiencia de vida. Cerraste un etapa, y volaste, y sigues volante… porque te sientes (eres)libre.
Te felicitó.
Muchas gracias Paty…!!