Por Richard Muñoz Ojeda
A propósito de las últimas declaraciones de
integrantes de la comunidad de artistas y usuarios del Parque
Cultural Ex Cárcel de Valparaíso, en donde se
hablaba de un arquitecto brasileño que venía a
interferir con proyectos malvados, creemos oportuno señalar
quién es Oscar Niemeyer y de paso conocer su obra que
está dentro de las iniciativas de mayor calidad e innovación
desarrolladas en el mundo. Ahora bien, el hecho repudiable es
que las autoridades locales levanten proyectos a espaldas de
la comunidad excárcel y no se les involucre como es debido,
peor aún que sólo se piense en mantener el cierre
perimetral y el sector del polvorín, no así las
galerías, las que se merecen vida eterna, inclusive ser
consideradas como monumento nacional, por el sin número
de carga, de memoria que contienen sus paredes y celdas.
A continuación un extracto de la biografía de
Niemeyer sacada de la enciclopedia virtual wikipedia:
“En 1940 conoció al alcalde de la ciudad de Belo
Horizonte, Juscelino Kubitschek, le invitó a proyectar
una iglesia y un casino a orillas del Lago de Pampulha. La novedad
de las líneas de esa pequeña iglesia construida
en homenaje a San Francisco le dio fama en todo el país.
En su interior está decorada con azulejos y frescos pintados
por Cándido Portinari. El casino fue transformado años
después en el Museo de Pampulha, dedicado a la difusión
del arte contemporáneo.
Oscar Niemeyer participó también con Le Corbusier
en la elaboración del proyecto del edificio principal
de las Naciones Unidas en Nueva York en 1952.
En 1956 vence, junto con el urbanista Lucio Costa, un concurso
de proyectos de una ciudad en el centro del país, que
sería Brasilia, por iniciativa del presidente Kubitschek.
La capital fue inaugurada el 21 de abril de 1960. Sus obras
más conocidas son el Palacio Alvorada, residencia oficial
del Presidente de la República; el Palacio Itamaraty,
sede de la cancillería; el Congreso Nacional; el Palacio
del Planalto, sede del Ejecutivo; y la sede del Supremo Tribunal
Federal. En 1962, recibió el encargo de organizar una
facultad de arquitectura en la recién creada Universidad
de Brasilia (UnB), pero tuvo que dejar la ciudad dos años
más tarde por presión de los militares que habían
tomado el poder.
A partir de 1967 pasó a vivir en París y, en
esa época, se dedicó a elaborar diversos proyectos
en Argelia (entre ellos el de la Universidad de Constantine)
y en Italia (Editorial Mondadori). En 1985, con la democratización
de su país, volvió a realizar proyectos en Brasilia
y en São Paulo (Memorial de América Latina).
En 1989 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias
de las Artes.
Entre 1991 y 1996, realizó el Museo de Arte Contemporáneo
de Río de Janeiro (Museu de arte contemporânea
do Rio de Janeiro), localizado en la ciudad de Niterói.
A finales del año 2006 cumplió 99 años
de edad”.
Si la idea de proyectar un parque para la cultura en terrenos
de la ex cárcel por parte de Niemeyer respeta a los habitantes
del parque y a la valiosa infraestructura existente, sería
un verdadero lujo contar con su aporte. Ahora bien, cuestionar
si la obra de Niemeyer es más bien un reflejo de la modernidad
fría, carente de identidad, es harina de otro costal.