Recuerdo con perfección mis innumerables días
pasados en la playa Caleta Abarca, en más de un verano
haber estado todos los días, mañana y tarde inclusive.
Cómo no recordar aquella tarde en que se dio vuelta un
camión de la empresa Torre, arriba, justo en el umbral
de la playa, y subimos muchos, sino todos, los que disfrutábamos
del sol y el mar, y comenzamos a apropiarnos de los cuadernos
que se encontraban regados en la calle, eran tantos, que todos
nos llevamos más de un paquete de 10 unidades cada uno.
Era chistoso, pues eran cuadernos de colores bien vivos y fuertes,
y que al llegar marzo era fácil reconocer en manos de
algún compañero de liceo y el grito de “robao!!”
no se hacía esperar entre los que nos reconocíamos
con este tipo de cuadernos.
En otra ocasión, apareció un tipo bien raro que
se puso a hacer cosas con las manos y el sol, el que en ese
momento estaba pequeño y medio rojizo. El tipo llamó
de inmediato la atención, pues se ubicó en un
muro de la parte alta de la playa, de tal manera que todos podíamos
verlo. Estuvo harto rato el compadre, nos tenía a todos
intrigados, la gente empezó a subir, a rodearlo; de pronto
él se fue hacia el pasto de arriba y la gente ahí
no aguantó más su charlatanería y comenzó
a tirarle escupitajos (“pollos” lisa y llanamente)
y lanzarle patadas, el tipo no respondía los golpes y
al verse encerrado con combos y patadas, decidió correr
para salvar su integridad. Claro, hace poco había sido
el terremoto del 85’ y la gente estaba un tanto susceptible.
Sin lugar a dudas, Caleta Abarca es la playa más popular
de Viña del Mar, la más concurrida, en donde se
colocan las toallas una al lado de la otra. El fenómeno
de ser la más popular, era más comprobable en
esos años ya que el resto de las playas de Viña
estaban directamente contaminadas con coliformes fecales (caca)
o sea, la costa de playa Acapulco hacia allá (salvo Las
Salinas) no existían para bañarse. Hoy en día,
Caleta Abarca sigue siendo las más populosa, ya que al
igual que antes todas las micros, vengas de donde vengas, pasan
por ahí; pero el balneario dista bastante de lo que era.
Ya no hay pasto como el que había, no existen ni los
columpios, ni los balancines, ya no hay estacionamientos públicos;
es decir el entorno es prácticamente puro concreto, eso
gracias a la idea maravillosa que al construir el nuevo Miramar,
se debían licitar también los estacionamientos
y transformarlos en privados. Esa gran idea arrasó con
todo y ahora, más aún, la municipalidad pide una
cifra exorbitante (en millones de dólares) para quien
se quiera hacer cargo de la concesión del balneario,
y por supuesto, no ha habido interesados, teniendo a Caleta
Abarca lejos, muy lejos de lo que una vez fue.
Por
Richard Muñoz Ojeda