Por Richard Muñoz Ojeda
Recuerdo haber escuchado por primera vez este raro nombre
a comienzos de los noventa en una clase del ya destacado académico
porteño Alberto Madrid y su entonces ramo de Arte y Literatura.
Con mi ignorancia a cuestas para mis 19 o 20 años, no
sabía si este personaje correspondía a un signo,
figura femenina o masculina de un pintor, grabador o acuarelista,
qué sabía yo!
A poco andar y gracias a Madrid, descubrimos que Roser Bru,
nacida en Barcelona, arranca de Franco por allá en el
año 1939 y que apenas llega a Santiago entra a estudiar
en el Bellas Artes, siendo alumna de Pablo Burchard. Su obra
ha estado marcada por la crónica social e histórica,
siempre con una voz crítica y rescatando la memoria.
En 1947 forma parte del Grupo de Estudiantes Plásticos,
(GEP) que reunía a artistas de la generación del
‘50 como José Balmes, Gracias Barros, Guillermo
Núñez, Juan Egenau y Gustavo Poblete, entre otros.
En 1957 ingresa al Taller 99 de grabado de Nemesio Antúnez.
En dictadura retrata la miseria y la opresión que la
retrotraían a su infancia en la época de Franco.
En las obras de los últimos años ha profundizado
su preocupación por los conflictos sociales y los hechos
dramáticos que el hombre ha vivido, planteando un discurso
crítico de gran fuerza y sensibilidad frente a la injusticia,
al drama de la guerra, la tortura.
En el marco de los 60 años del MAC - Museo de Arte Contemporáneo
- fue invitada a exponer su obra durante el mes de abril. Benditos
santiaguinos que se lo llevan casi todo.