La técnica de la acuarela tiene algunas características
bien particulares. Por ejemplo, un cuadro de este estilo no
puede ser copiado, ya que nunca se conseguirá que quede
idéntico, esto debido a que cuando un acuarelista se
planta frente al cartón debe desarrollar la obra en un
tiempo no superior a los 30 minutos, pues una vez secado, no
permite correcciones y como quedó, quedó. De allí
que la inmediatez de una obra es la cualidad por excelencia
de una acuarela, y la facultad de la instantaneidad, su carta
de presentación.
Entre el 3 y hasta el 20 de abril, se presentó en la
sala de exposiciones “Hall El Pensador” de la Cámara
de Diputados una interesante exposición de acuarelas
del hoy diputado Guido Girardi Briere, padre del senador mediático
y allegado a la política casi de rebote recién
a sus 70 y tantos años.
Primer Premio del VII Salón de Acuarela de la Sociedad
Nacional de Bellas Artes en el año 2000, la obra de Girardi
Briere ya se encuentra instalada en la historia de los 200 años
de la pintura chilena.
En las obras de también doctor dominan los espacios
amplios, tratados en formatos apaisados para dejar un lugar
desahogado en el medio, evitando la composición centralizada.
Se trata de dos grandes áreas: mar y cielo. Es una manera
de atraernos con la visión general, sin maquillajes estéticos
formales, pero no olvidando la técnica propia de la acuarela.
La entonación es evocadora, a pesar de la simplificación
rotunda, de las manchas raudas que cubren la lámina.
Girardi no elude el ambiente representado, con sus neblinas
y cielo abierto, no obstante, le agrada el croquis rápido
y muchas veces deja sin tocar el blanco del papel, con mucho
de invención.
Por
Richard Muñoz Ojeda